“CUNDINAMARCA PRESENTE EN EL BICENTENARIO”

Para el Foro Educativo Nacional de Calidad 2010, y en el marco de la conmemoración del Bicentenario de la Independencia, el Ministerio de Educación Nacional propone a la comunicad educativa del país una reflexión sobre las transformaciones que se han gestado en tres ámbitos particulares: el aula, la institución y las relaciones de la educación con la familia y la sociedad. Esta mirada que es retrospectiva pero también prospectiva, permitirá evidenciar los desarrollos y retos de la política de calidad en la educación.

Bicentenario: texto, pretexto y contexto

Este año, el país entero conmemorará los 200 años de Independencia. Por lo mismo, el Bicentenario se convierte en el texto, pretexto y contexto para llevar a cabo el Foro Educativo Nacional del 2010.

Comprender el Bicentenario como texto significa aprovechar lo que implica una conmemoración de tal magnitud. Es decir, entenderla como un alto en el camino que nos permite reflexionar sobre cómo ha sido el desarrollo de una nación caracterizada por una extraordinaria diversidad, grandes riquezas naturales y una población con enormes capacidades. Esta efeméride se convierte entonces en la oportunidad de fijar una mirada retrospectiva que nos permita, no sólo pensar el país que somos ahora, sino comprenderlo a la luz de nuestra historia y así integrar ambas perspectivas (el ayer y el ahora) para proyectarnos hacia el futuro.

Como sector, es indispensable que dentro de este balance destaquemos la importancia que tiene la educación en la historia del país pues ella está en la base de los procesos sociales, políticos, científicos y culturales que se han desarrollado en estos dos siglos. Pero también es la oportunidad de mirar la historia misma de la educación, es decir, evaluar, valorar y contextualizar las transformaciones de lo que hemos forjado desde el Grito de Independencia.

Pero el Bicentenario también es pretexto en la medida que nos permite centrar esta reflexión sobre el papel de la educación en la historia y la historia de la educación en el tema general que ha impulsado todos los foros educativos que se han realizado hasta ahora: una educación de calidad. Aunque la preocupación por la calidad siempre ha estado presente en las discusiones sobre y desde el sector educativo, sólo en la última década ha comenzado a tomar un papel protagónico, exigiendo precisiones cada vez mayores de manera que puedan traducirse en políticas En otras palabras, la conmemoración es la oportunidad para discutir los cambios que se han dado en su tema buscando mejorar la calidad y los enormes retos pedagógicos que exige el paso de una educación centrada en contenidos a una educación que asume a los docentes, niños, niñas y jóvenes como sujetos de derechos que desarrollan competencias, como uno de los ejes centrales a la hora de pensar en educación tanto en el presente, como en el pasado y el futuro.

Y, por último, el Bicentenario también es contexto pues cualquier reflexión sobre la educación debe concebirse para y desde los niños, niñas y jóvenes de ahora, con necesidades, habilidades y características propias que implican examinar los grandes cambios que requiere educar a los estudiantes del país. Los niños y niñas que ingresan hoy al sistema escolar requieren una formación que mire al futuro, que tenga en cuenta las competencias que se exigen en el ambiente global del siglo XXI donde el conocimiento, la capacidad de aprender y comprender son el mayor capital individual y colectivo. Y, por supuesto, estas nuevas exigencias nos llevan a reflexionar sobre el tema primordial de qué significa pensar en una educación de calidad en este contexto. El Bicentenario permite que esta reflexión sobre el presente y el futuro se haga con la una mirada al pasado: entender las transformaciones, las discusiones que empezaron hace 200 años y que aún continúan vigentes: ¿qué es un ciudadano? ¿Cómo se ejercen los derechos? ¿Cómo se construye la nación en ese proceso? 

Teniendo en cuenta todo lo anterior, queda claro que la complejidad del tema no puede abordarse exclusivamente desde una mirada académica o desde las fórmulas recomendadas por grupos de expertos. Por eso es indispensable involucrar en el análisis a quienes cotidianamente se ocupan de la tarea educativa: maestros, estudiantes, padres de familia y administradores de la educación en los niveles locales. Es allí, en cada municipio y vereda, en cada institución y en cada aula, donde se gestan los cambios para el mejoramiento. Pero no basta ese nivel práctico del acto educativo, que hacen los maestros con sus estudiantes en las comunidades donde trabajan, debe ser elaborado, compartido y generalizado, tal como ocurre en todas las profesiones, pues ello es lo que enriquece el saber colectivo y conduce a la construcción de un conocimiento social ampliamente compartido.
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